¡Cómo pasa el tiempo!

Justo hoy, 13 de abril de 2020, cumplimos un año y medio de casados.

Y encerrados que estamos, como todos los españoles, pasando como podemos este confinamiento, para evitar que la pandemia del Covid-19 se extienda.

Estoy segura que vamos a salir de esta agonía y para animaros un poquito en este confinamiento, aparte de recomendaros mi nuevo single, Ayúdame A Reír”, que podéis escuchar AQUÍ, os escribo este nuevo capítulo en mi blog Blanco y Oro”.

Quiero dedicar este post de hoy, especialmente, a las personas que tenían previsto casarse en estas fechas y han tenido que posponer su boda.

Me imagino como estaréis, porque con lo que nos ilusionamos soñando con ese día, los nervios que se pasan cuando ves que se va acercando la fecha, y aparte, con lo laborioso que es organizar una boda; es una faena tener que retrasar la fecha que desde un primer momento pensasteis para celebrar el día de vuestra boda.

Pero yo que siempre suelo ser bastante positiva, pienso que todo pasa por algo. Cuando podamos salir a la calle y podáis festejar vuestra boda, lo vais a pasar en grande y mirando el lado bueno, así tenéis más tiempo para comeros la cabeza aún más, jejeje, para hacer más sorpresitas el día de vuestra boda.

Además, no quiero ni imaginar las personas que habéis pospuesto la boda, tener que modificar el vestido pues no se vosotras, pero yo para la boda, con los nervios, adelgacé un poquito y cuando pasó la boda, mi cuerpo volvió a ser como siempre o quizás un poquito más lustroso, por decirlo de alguna manera, jejeje.

Precisamente hoy, quiero hablaros del vestido de boda.

Antes de que Esaú me pidiese matrimonio, tenía claro como sería el vestido de mi boda, si algún día me casaba.

Tenía que ser blanco nuclear, súper sencillo pero quería que tuviese una cola súper larga.

Aunque tenía muy claro quien quería que me diseñase el vestido, personalmente os recomiendo que antes de ir al lugar al que soñáis con que os vista, probéis distintos modelos de vestidos, para que tengáis claro qué le va a vuestro cuerpo.

A veces, nos imaginamos o vemos un vestido que nos encanta, pero luego al probarlo en nuestro cuerpo, te deja de gustar. Por lo menos, a mí me pasa eso.

El caso es que una vez que tenía claro lo que quería, fui a la tienda “Victoria”, en Sevilla y concerté una cita con mi amiga, la diseñadora Vicky Martín Berrocal.

Vicky me dijo que usaríamos de tela para el vestido un crepé de seda natural blanca, con algún complemento en la manga, cuello caja y con un discreto acabado en corte sirena. Ella tenía claro lo que me iba bien y justo coincidía con lo que a mí me gustaba. Aparte, yo tenía clarísimo que iría velada y con el pelo recogido.

Mi madre y Vicky me decían: «María, con la cola tan larga no te vas a poder mover».

Pero a mí, me daba igual, pues yo lo quería así desde el principio.

El vestido era de manga larga y tenía como único adorno perlas blancas en las mangas,  con aberturas en forma de pequeños círculos que dejaban al descubierto la piel, cubierta con una tela semitransparente. Ahora, lo que más me gustaba del vestido es que en la espalda, completamente cerrada hasta arriba, iba abotonado el vestido con perlas blancas que iban hasta el final de la cola. Ese detalle me pareció impresionante.

Estoy feliz con el vestido de boda que Vicky diseñó en exclusiva para esta ocasión, un vestido minimalista que iba conmigo, al que pusimos un delicado velo como complemento final.

Yo siempre quise tener un solo vestido de novia, pero el problema es que llevaban razón mi madre y Vicky, que al tener la cola tan larga, pesaba y no iba a aguantar todo el día con el vestido puesto. La opción de la cola desmontable en el vestido, a mí personalmente no me gustaba nada.

Así que por este motivo, decidimos hacer un segundo vestido para la fiesta, también de tela de crepé de seda blanco, que sería igual de sencillo, pero sin cola, con manga larga pero con tela de tul blanco y un adorno de flor blanca y brillantes en cada hombro que me parecía divino. Era como una segunda piel y estuve comodísima toda la noche, pues aparte de cambiarme de vestido, me cambié de zapatos y me puse unas alpargatas blancas de esparto con tiras que mi tía y madrina Cristina me había decorado para este día tan especial.

Y por supuesto, el día 13 de octubre de 2018, la persona que me puso el vestido, fue mi madre. Nadie mejor que ella podía hacerlo.